Pedro Rodríguez y Javier Barrero son dos políticos/políticos de largo recorrido que visten el traje inequívoco del personaje público. Ambos a su manera manejan como pueden la complicada tarea de la gestión social, con la contundente experiencia y el sobrado oficio que otorga el tiempo vivido/pasado. Rodríguez y Barrero, líderes de los partidos mayoritarios en Huelva, PP y PSOE, respectivamente, escriben juntos, pero no revueltos, las partituras del concierto político.
Pedro, popular y populista, cercano y a veces lejano, cambió la fotografía artística, la de bodas, bautizos y comuniones, por el traje de político amable, sonriente y ejecutor, unido a la gente y a sus problemas. Y así, sin más secretos, le arrebató la alcaldía a Juan Ceada; un socialista histórico, un hombre/sindicalista con cara de bueno que dejó la ciudad entreabierta al desarrollo, al futuro a corto y medio plazo.
Javier, por su parte, es un político histórico y hábil de tono suave, de extrema y atractiva personalidad, que camina firme por el ruedo público con las garantías que ofrece una mochila cargada de legislaturas. El hombre tranquilo del cambio sosegado, el que ahora promociona José Luís Rodríguez con Z de Zapatero. Barrero, junto con algunos otros, sobrevive a una generación de políticos socialistas de raza, noctámbulos en aquellos congresos de renovadores y guerristas, cargados de denso humo e inevitable poder.
Los dos, con los que comparto amistad desde hace años, trazan ahora las líneas del voto futuro en la campaña electoral. Una batalla de mensajes planos, duros, carentes de literatura y repletos de palabras que en ocasiones suenan a antaño. Kennedy decía que “si hubiera más políticos que supieran de poesía, y más poetas que entendieran de política, el mundo sería un lugar un poco mejor para vivir en él”. A la política onubense le falta tertulia y ritmo. Rodríguez y Barrero son los viejos y eternos enemigos, pero alguien dijo también que en política no existen los eternos amigos ni los eternos enemigos, sino los eternos intereses.
El año 2008 precisa urgentemente de diálogo político. Me consta que ambos dirigentes dominan la palabra y son grandes conversadores. Me consta también que Pedro y Javier, con sus nombres de pila, de tú a tú, al nivel del ciudadano, son hombres de largas y formidables sobremesas. Capaces de debatir, de regalarse palabras y buena literatura, con ese ritmo deseado, para ofrecer soluciones a los grandes temas que preocupan a la sociedad, que, en la actualidad, son muchos e importantes.
PP y PSOE en Huelva están destinados tarde o temprano al encuentro de la palabra común, al entendimiento sin pinzas, pero, ¡ojo!, dos no hablan si uno no quiere. Rodríguez y Barrero saben que el diálogo y la discusión razonada son consustanciales a la democracia moderna.
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