El crecimiento de un ámbito no es posible sin el apoyo de una red adecuada de infraestructuras viarias y de transporte. Ya no vale el método habitual hasta ahora puesto en práctica por las Administraciones Públicas, consistente en la definición urbanística sin estudios previos de las características del territorio, con la mera clasificación y calificación del suelo. El planeamiento es el instrumento básico para impulsar un desarrollo ordenado y sostenible, en el que el diseño de las infraestructuras en general y de las futuras edificaciones debe ser contemplado en base a la demanda de crecimiento poblacional fijo o temporal.
Huelva se desarrolla a marchas forzadas. Una provincia al sur del sur de España-la más bella- que se ha convertido en el paraíso de miles de ciudadanos llegados desde todos los puntos de la geografía nacional e internacional. Pero, ¿cómo se accede a esta tierra?; con serias dificultades. La llegada del Tren de Alta Velocidad (AVE) a Huelva, la futura implantación de un Aeropuerto o la mejora de los accesos viarios a la Costa y a la Sierra son actuaciones deseadas y suplicadas, que no llegaron con unos y que parecen no llegar con otros.
No es comprensible, por ejemplo, que el único tren diario que enlaza Madrid con Huelva empleé 2 horas y 35 minutos en recorrer la distancia hasta Sevilla (538 Km.), y destine casi el mismo tiempo en el trayecto posterior hasta la capital onubense (94 Km.). Tampoco es lógico que un viajero tenga que sufrir una verdadera agonía en sus traslados desde los aeropuertos de Faro (Portugal) o Sevilla.
La adaptación de las vías al modelo Alta Velocidad desde la capital hispalense es un debate histórico, que comenzó casi con los sueños del viajero deslizándose por los hierros lentos de la España previa al 92 de Currito, cuando uno dormía en aquel dulce Expreso que partía de Chamartín, la estación madrileña de los bocadillos y las leyendas.
Y el futuro aeropuerto es objeto de palabras y papeles, proyectos y cuadernillos políticos desde mucho antes de que allá, por noviembre de 2005, se hiciera público un estudio de viabilidad sobre las posibilidades de implantación de esta formidable infraestructura. Mientras, la solución al desdoble de las arterias vertebrales de la provincia por las que transitan al día cientos de vehículos, la N-435 o la A-491, siguen paralizadas aunque con promesas de ejecución desde los gobiernos Central y Autonómico.
Huelva es una provincia encajonada en el mapa con pocas entradas y salidas que, aunque tarde, se ha subido definitivamente en el tren del desarrollo turístico. La puesta en el mercado de plazas hoteleras y la clara apuesta por una oferta de ocio y naturaleza obligan a ejecutar, de inmediato, las infraestructuras que soporten con holgura la llegada continua de visitantes. “No despegaremos del todo hasta que no tengamos un aeropuerto”, mantienen los que entienden de turismo en la provincia.
Las miradas son continuas y los deseos de viajar hasta la tierra de la luz son irrefrenables. En Madrid se paladean y se saborean sus manjares de tierra, mar y gentes. Allí, las cosas se ven de otra manera, mucho más prácticas y necesarias. Meter a Huelva en la historia y en el siglo XXI de manera sólida y con garantías de auténtica vertebración social, como aboga el socialista Javier Barrero, sólo será posible si atendemos al sabio consejo del poeta inglés, Samuel Butler: “Cuanto más tiempo dura una disputa, más lejos nos hallamos del final”.
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