JUAN COBOS WILKINS

Juan Cobos Wilkins es el dulce narrador de una tierra que desprende poesía e historias; un enamorado de la palabra que refleja en sus textos el valor de un pensamiento cargado de imágenes y melodías. Le conocí en Huelva hace mucho tiempo y me cautivó su abnegada entrega por el lenguaje, su pausada y particular manera de explicar los vericuetos de su exitosa obra, entonces poética, superada hoy por una genial narrativa, fresca y formidable. Hace años que no le veo, pero su poesía y su prosa me acercan a él en cualquier momento, a cualquier hora del día, en casa, en el metro de Madrid, durante la tranquilidad que ofrece la noche para la sana e inevitable lectura.
Ahora presenta su última novela, “el mar invisible” (Barcelona, Plaza & Janés, 2007); un encuentro de la palabra por encima de todo, un manual de la conversación en estado puro, un cuaderno de frases bien acabadas, precisas y envolventes, tan demoledoras seguramente como aquel “Corazón de la tierra” que enamoró a todos y a todas.
Con él no sólo comparto, sino que demandó la necesidad de escribir, el compromiso con la literatura y su contenido, porque es una herramienta mágica de fantasía y realidad, cargada siempre de autor y de experiencia. A Juan, nacido en Minas de Riotinto, allí donde todo es color y gentes, le puede la pasión y además se le nota, porque hay autores que cuentan historias para vivir y otros, como él, que viven historias para contar.
Asistimos hoy a la triste devaluación de la letra leída y disfrutada, a la inexplicable dejadez de la literatura escrita y viva, para dar paso a los envoltorios con diseños espectaculares, a la venta de libros por su continente. Pero el contenido sigue ahí, en las páginas de cientos de publicaciones que duermen el sueño de los justos, aislado en las estanterías del librero.
España sigue siendo uno de los países de Europa con menores índices de lectura, muy lejos todavía de las cifras de aquellos que se mantienen a la cabeza. La educación en la lectura debe provocar desde las aulas, a los más pequeños, un instinto básico movido por la ansiedad de creer en lo que existe y no existe, de navegar en lo imposible, de bucear en las historias de otros que son y serán las suyas. En definitiva, fomentar la insolente y arriesgada incursión del lector en la imaginación ajena. Así, sin más complicación.
Nada supera a una historia bien contada, nada supera al personaje irreal, porque la literatura es improvisación y creación. Sólo los sueños nos agradan tanto como los buenos libros, ya que ambos se mueven libres por esa imaginación que permite ver, oír y en ocasiones tocar lo sentido y el resto por sentir.
Cobos Wilkins nos regala en cada obra un pedazo de sí mismo y abre a todos la gran ventana de su imaginación, llena de objetos artificiales y de ingenio. Gracias Juan.

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