ÍLOGICO PERO NECESARIO

En la barriada de El Torrejón se viven horas complicadas y arriesgadas. La chirriante resaca del terrible crimen de la niña Mary Luz ha generado un clima de rabia y odio que recae ahora sobre Francisco del Valle, el vecino apodado “Curro el pintor”, hermano del pederasta acusado de la muerte de la pequeña. El barrio está literalmente tomado por los agentes antidisturbios que velan por la seguridad de Francisco, de su mujer y de sus tres hijos, ante el riesgo de sufrir ataques de los vecinos, que les consideran cómplices del asqueroso asesinato.
Manuel Bago, Subdelegado del Gobierno en Huelva, defiende que “estamos en un país libre donde cada ciudadano tiene derecho a vivir donde quiera, independientemente de cuestiones de tipo personal”. Vista así, tal afirmación entra dentro de la lógica, pero en el desagradable contexto de los hechos acontecidos y de su formidable repercusión nacional, no deja de ser una frase absurda, vacía y fuera de la realidad.
El ambiente está muy caldeado y si no que se lo digan a aquellos que, en la noche del lunes, trataron de linchar al familiar del peredasta. La crispación social es el peor de los enemigos del orden público y, en esta barriada onubense, estamos a un paso del desorden. Por lo tanto, la Administración central, a través de la Delegación del Gobierno en Andalucía, debe llevar las aguas a su cauce e impedir que paguen justos por pecadores. Recordemos que sobre Francisco del Valle sólo pesa la sospecha y el rencor de los que hoy por hoy no piensan más allá de su portal.
Decía Azaña que si en España se callaran todos aquellos que hablan de lo que no saben, se produciría un gran silencio. Pero, qué duro es el silencio para los que han sufrido el terrible golpe de la muerte, provocadora de palabras que se escupen sin sentido. La crispación, la locura social, es algo incontrolable, ya que cualquier detalle hacer surgir una respuesta violenta. Y eso es lo que está ocurriendo en El Torrejón, un barrio que, durante los últimos meses, se ha cargado de detalles negros.
Juan Antonio Cortes vuelve a demostrar una cordura sorprendente, y solicita, como medida cautelar, el traslado de la familia amenazada a otro lugar, a otro emplazamiento alejado de esos detalles malditos, suspendidos como la contaminación en la atmósfera de esta zona de la capital. El padre coherente de la niña desaparecida conoce bien a los vecinos, ha tratado con ellos y conoce a la perfección lo que sienten. Sus reacciones. No duda en afirmar algo ya demostrado; que él sabe controlar la rabia, pero que hay gente que no es capaz. Más vale prevenir que curar y, en estos casos en los que el proceso judicial no es respetado por todos, habrá que adoptar medidas para impedir nuevas desgracias.

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