La Verdú es una mujer rebombón, el mito juvenil de pechos blancos/redondos y mirada profunda del cine español. La locura de una generación de actrices que se ha instalado con pies de plomo en el desagradecido mercado del séptimo arte nacional. Maribel, que luce hoy la madurez formidable de 37 años bien cumplidos, llegó a la televisión con 24 menos, infantil e inexperta, de la mano de Vicente Aranda. Pasó el tiempo y su sonrisa erótica y demoledora impregnó la pantalla, blanca, grande y eterna, de las salas más castizas, las de la Gran Vía madrileña.
Hoy, la Verdú camina sola por la alfombra roja del éxito, en Madrid y en México, con los Goya bajo el brazo, desprendiendo glamour y sabiduría. Y viene a Huelva a recibir un homenaje en el festival de los sueños, de las caras bonitas, y viaja con las sombras de la estanquera de Vallecas, la drogadicta de Armendáriz, la hermana de Belle Epoque, la de los Huevos de Oro y la que cuidó al hombre sin testículos en la Buena Estrella.
La trigésimo tercera edición del Festival de Cine Iberoamericano se rinde a sus pies con la entrega de un premio Ciudad de Huelva, que reconoce su trayectoria. Pero la muestra homenajeará también, a título póstumo, a otro grande, al más genuino y auténtico del rock andaluz, al más adorado en Sevilla; al ilustre Silvio, al gran Silvio.
Un hombre, hijo de gitana y periodista, defensor de la contra cultura, amante del flamenco americano, que se bebía de un trago y de pié el sudor del Guadalquivir y el coñac templado en el Bar ABC, con la mano derecha en la frente y la izquierda en la cintura, agachado: “es que Sevilla…., manda guasa”.
El Palacio de Exposiciones y Congresos de la Casa Colón acogerá, durante el festival, una sesión especial de rock, con la proyección de un documental de Francisco Bech, su ópera prima, donde reconstruye la vida de aquel que recitó con notas de sangre y alcohol, junto al grupo Sacramento, las ya históricas "Swing María" y el "Rezaré", versión cofrade del tema norteamericano "Stand by me". El rey del escenario que se negaba a cantar porque sí, mientras recorría de lado a lado la tarima al calor de unos músicos que hacían el trabajo por él.
Maribel y Silvio representan dos generaciones cargadas de arte, dos encuentros de genialidad compartida desde la belleza y el trabajo intenso, dos vidas antagónicas encontradas en el siglo XXI al sur del sur, que desprenden el dulce aroma de la que triunfa y el amargo olor del que pervive en el recuerdo de la gente. Ambos a su manera, Silvio y Maribel, han aportado ya su genialidad a la cultura de un país, España, que cada vez es menos cultural y más cultureta. Los dos estarán con nosotros en la semana más fantástica de la ciudad, una paseando sus piernas doradas al sol que más brilla, y otro recitando en el tablado celestial a sus vírgenes sevillanas.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario