PEPE CEJUDO

Un arquitecto americano dijo que “el éxito es ese viejo trío: habilidad, oportunidad y valentía”. José Cejudo, el alcalde de Valverde del Camino, es un político oportuno, hábil, y, sobre todo, valiente, muy valiente. El ex presidente de la Diputación provincial ha demostrado una vez más su calidad de hombre sincero, claro y directo, que camina firme y seguro, con éxito, sobre la temblorosa pasarela de la vida.
Le conocí hace casi 18 años en Huelva, una ciudad sin desarrollar que vibraba entonces con la política local; menos aburrida y viciada; mucho más apasionante Hablamos muchas veces de todo y de nada, de izquierdistas y derechistas. Entrados los 90, tras la resaca de la Expo sevillana, ya casi en el olvido de la historia, me explicó un día en su despacho municipal, allí en Valverde, los vericuetos de una trayectoria, la suya, marcada por el trabajo constante y la dedicación, con una voz tenue y una media sonrisa muy personal; amable. Entonces, aquel periodista de radio y prensa buscaba información sobre la historia del máximo organismo provincial para un trabajo que nunca redactó.
El senador socialista Cejudo, a mediados de esos 90, sufría el primer episodio de una enfermedad que llega sin avisar, sin explicación, por las buenas/malas. Y la superó. Y lo hizo sin dejar de hablar y casi sin dejar de trabajar, con su media sonrisa amable. Ahora, a finales de marzo, le ha sido diagnosticado un linfoma de Hodgkin, un cáncer que se origina en el tejido linfático, lo que le ha obligado de nuevo a recibir tratamiento.
Nos dice en su blog, tras un punto y aparte, como los buenos narradores, que ha empezado a curarse, recibiendo quimioterapia y radioterapia; un proceso que durará unos seis meses. Estoy convencido de que, una vez más, y al margen del inevitable deterioro físico que supondrá su segura recuperación, no dejará de sonreír ni de trabajar, para los suyos en el sillón de la alcaldía y, para los demás, como representante de los socialistas onubenses en el Senado de Madrid, porque este político es así. De raza.
Una raza de personaje valiente y decidido, repito, que volvió a demostrarla cuando, meses atrás, fue sometido a un doble juicio, en los juzgados de la Alameda Sundheim y en los medios de comunicación locales, acusado de prevaricador y acosador moral. De eso que ahora se llama “mobbing”. En ningún momento se le reconoció la presunción de inocencia. No se supo esperar. No lo hicieron ni algunos de los suyos, compañeros de partido, ni sus enemigos políticos, que se encargaron de vilipendiarlo con textos cargados de ira y venganza. Él si supo esperar. Y venció tras ser absuelto de los delitos que se le imputaban, con una petición del fiscal de dos años de prisión e inhabilitación especial para empleo y cargo público. A este Cejudo de sonrisa amable no le inhabilita nadie, ni la jodida enfermedad.

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