POLONIO 210

“No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más temor”. Alejandro Dumas.
Los vertidos de fosfoyesos de la empresa Fertiberia, acumulados desde hace años en una superficie aproximada de 1.200 hectáreas, a unos 300 metros de la barriada de Pérez Cubillas de Huelva y a un kilómetro del centro urbano de la capital, se han convertido en un argumento maldito para el temor y el desconcierto social. Una actuación industrial que ya ha dejado escrito un diccionario terrible que golpea como una losa sobre el ciudadano desinformado, con palabras terribles: radiactivos, cancerígenos, radiotóxicos, ionizantes, peligrosos, mortales etc.
En el marco del paralizado e insoluble debate industrial de Huelva, este conflicto no es baladí. La sociedad onubense soporta desde hace más de una década las conclusiones parciales de numerosos estudios medioambientales, contrastados o no, que vienen y se van, dejando inevitablemente un poso de máxima preocupación, de interminables dudas que no aclaran nada. Afirmaciones insostenibles, cogidas con hilos, difundidas por medios de comunicación que, dando credibilidad al tercero, se quedan en afirmaciones iniciales de rueda de prensa, sin más, como en otros tantos asuntos.
Lo último publicado; las conclusiones de un grupo de expertos franceses entregadas a los verdes de Greenpeace, que desprenden sólidos titulares nacionales como “Polonio 210 en las marismas de Huelva” o “se trata del mismo elemento con el que fue envenenado el espía ruso Litvinenko”. Ahí es nada. A todo ello hay que sumarle la difusión barata del grave problema a través de programas de televisión, dirigidos por humoristas acabados o presentadoras rancias, como la Milá.
Y alcanzado este punto, las Administraciones de aquí y de allí son incapaces de sentarse, de dialogar, de trabajar con celo para dar solución a un tema que afecta a casi 146.000 habitantes, que no están metidos en una casa de pladur con cámaras de televisión. La sanidad pública es lo primero, más allá de posicionamientos políticos y de programas electorales, de demagogia barata y de luchas endemoniadas para la obtención del voto.
Los efectos de los fosfoyesos no recaen sobre ganadores o perdedores de nada, porque se trata de un problema radicalmente social. Establézcase un sistema de estudio e investigación con el apoyo de todos los agentes implicados, que ofrezca una respuesta definitiva, para bien o mal, y adóptense las medidas que sean oportunas, porque el mejor cliente de la política es el ciudadano.
Créanme, la imagen de Huelva trata de instalarse más allá de las fronteras andaluzas entre las bondades de un turismo de calidad y la podredumbre de una publicidad inexacta sobre la contaminación. Los que aman esta formidable ciudad no merecen un bombardeo de aterradores mensajes, sino soluciones rápidas y eficaces de prevención.

No hay comentarios: